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11-22-08

Volví a vivir [I]

La primera vez que la muerte me saludó tenía 8 meses, fue un momento que no recuerdo por mi temprana edad, pero mi madre me lo ha relatado con lujo de detalles en varias ocasiones.

Estaba yo tendido en la camilla de un consultorio que no contaba con todo lo necesario, a altas horas de la noche, y con mi madre y abuela desesperadas.

Lo siento señoras – dijo el Doctor – esta es la última inyección que le pongo, y si no reacciona… 

La voz del galeno fue interrumpida por el llanto de mi madre.

Y me puso la inyección pero no la sentí, bueno, eso dijo mi abuela pues en lugar de llorar del dolor me petrifiqué, de lo caliente que mi cuerpo estaba me volví un témpano de hielo. 

Luego… luego volví a vivir.

11-11-08

Un cuarto de siglo

La conocí bajo el calcinante sol quiteño, llevaba puesta unas gafas de mosquito que están de moda, ropa casual para un día de caminata, una mochila más grande que ella, eso llevaba.

Aunque antes de notar lo que traía me fije en su sonrisa, la había imaginado tantas veces que en ese momento la realidad supero a las imágenes que tiempo atrás habían nacido en mi mente.

Y hoy, luego de un año y un poco más de ese día, me duele el guacho.

Y es que una idea ronda mi cabeza, es esa idea la que provoca que mis manos tiemblen; si, cuando existen sentimientos muy fuertes – alegría inmensa o rabia furibunda – a pesar de mi mirada calmada o de la voz relajada, mis manos delatan todo.

Si llegaste hasta aquí y no comprendes estas líneas, gracias por tu lectura y por compartir esta locura. Es que ya es difícil no poder pasar junto a ella mañana, y es más difícil aún hacerlo tan distantes.

Por cierto, mañana gritaré al despertar:

“Tengo un cuarto de siglo”